Una cosa lleva a la otra (caso María Camila Potosí)

Opinión. En medio del escándalo por el presunto abuso sexual por parte de Rafael Poveda, periodista colombiano, con varios años de experiencia en la pantalla nacional, me llegó uno de los contenidos que produce: la entrevista a Carlos Rincón y a Karina, su hermana. (foto)

Él es o era el compañero sentimental de Yulieth Angulo, una mujer que a finales de julio fue identificada como la presunta responsable de secuestrar y asesinar a María Camila Potosí, una caleña de 21 años que llegaba a su octavo mes de embarazo. Era poca la información que tenía del caso, solo me había fragmentos del caso a través de unas cuantas líneas en redes sociales.

La falta de educación nos está matando. Es lo único que puedo decir después de ver los 43 minutos que dura el producto audiovisual en el que Carlos explica los días previos a la captura de su compañera sentimental --quien se suponía estaba embarazada en su quinto mes de gestación-- y cómo intuyó que ella estaba relacionada con la desaparición de María Camila y su posterior asesinato.

El muchacho relató que Yulieth estuvo embarazada en dos oportunidades. Que en la primera, perdió el bebé cuando estaba en su octavo mes de embarazo. Que para ese momento, jamás pudo acompañarla a un control médico porque su compañera siempre le decía que no se podía, que el centro médico tenía unas normas que lo impedían, que no le entregaban exámenes ni radiografías debido a la crisis de la salud en Colombia. Que al octavo mes perdió el bebé y que se escapó de la clínica en la que estaba y luego, con una pastilla, pudo "sacar al bebé". Que, según él, la joven expulsó a su hijo, en el baño, en forma de coágulos. 

Este último detalle me dejó atónita. ¿Cómo es posible que en 2026 alguien no sepa que un feto de 8 meses no desaparece como por arte de magia cuando muere en el vientre de su madre? ¿Nunca nadie le dijo que la única manera es a través de una cirugía o fraccionando el bebé hasta que salga cada una de sus partes? ¿Es posible ser tan ignorante de la operatividad del sistema de salud y creer que al consultorio médico no puede entrar el esposo de una mujer embarazada? ¿Puede ser uno vere con tanta naturalidad la precariedad en la que trabajan los centros médicos de salud para pensar que no entregan documento físico de las pruebas que te realizan?

Esas preguntas y otras tantas que aún no aterrizo me llevan a pensar en la falta de educación en la que crecen los colombianos. Falta de educación en las escuelas y también en el hogar. Falta de reglamentación por parte del Estado, falta de desinterés por parte del sistema de medios públicos y privados, de los influencers. Falta de escolarización por parte de los padres a sus hijos e hijas. Y también una satanización constante a la educación sexual y reproductiva por motivos políticos, religiosos y morales.

Piensan que la educación sexual y reproductiva es incidir en la orientación sexual de los menores de edad o invitarlos al libertinaje. Pero si Carlos hubiera sabido cómo es el proceso de gestación, cómo evoluciona el cuerpo de una mujer embarazada, que una barriga no desaparece de la noche a la mañana, los derechos que tiene como padre, cómo funciona el sistema de salud, hubiera podido desenmascarar a tiempo a Yulieth y otra sería la historia de María Camila y su bebé.  

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